La próxima crisis de seguridad no tendrá que ver con personas, sino con identidades digitales, según Redtrust
Los modelos de seguridad que han protegido durante años a las organizaciones empiezan a mostrar sus límites. La aparición de agentes de inteligencia artificial capaces de actuar de forma autónoma y la futura transición hacia la criptografía postcuántica están generando un nuevo desafío: gestionar identidades digitales que ya no pertenecen exclusivamente a personas. Esta fue una de las principales conclusiones que dejó el Identity Redtrust Day 2026, que se celebró el pasado día 28 de mayo en Madrid en el Comet Retiro.
Para Redtrust, compañía española especializada en ciberseguridad y protección de identidades digitales, el problema no radica únicamente en la llegada de nuevas tecnologías. Reside en que cada vez más sistemas tendrán capacidad para acceder a aplicaciones, consultar información sensible, ejecutar procesos o interactuar con otros sistemas sin intervención humana directa. A medida que aumente el número de estas identidades digitales, también crecerá la dificultad para controlar quién puede hacer qué, bajo qué condiciones y con qué nivel de supervisión.
Uno de los vectores de conversación que centró el encuentro fue precisamente la evolución de los agentes de inteligencia artificial. Durante su intervención, Daniel Rodriguez, director general de Redtrust, explicó que “muchas organizaciones siguen utilizando mecanismos concebidos para un entorno en el que las identidades digitales correspondían casi exclusivamente a usuarios humanos. Sin embargo, este modelo empieza a quedarse corto en escenarios donde decenas o cientos de agentes necesitan interactuar simultáneamente con aplicaciones corporativas, infraestructuras cloud, bases de datos y sistemas críticos. Algo para lo que Redtrust ya tiene en curso una solución que llegará al mercado una vez finalicen las pruebas de concepto en las que la marca está implicada en el presente”.

Según explicó Rodríguez, “el reto ya no consiste únicamente en autenticar accesos. También implica mantener visibilidad sobre las identidades existentes, controlar sus privilegios, supervisar sus acciones y disponer de mecanismos que permitan gobernarlas durante todo su ciclo de vida. Sin ese control, la trazabilidad disminuye, la auditoría se vuelve más compleja y aumenta el riesgo de que las organizaciones pierdan visibilidad sobre procesos cada vez más críticos para su actividad”.
Para Redtrust, la respuesta pasa por evolucionar hacia modelos donde la identidad digital se convierta en el eje de la confianza. La capacidad de verificar quién realiza una acción, qué permisos tiene asignados y qué evidencias pueden asociarse a cada operación será cada vez más relevante en entornos donde humanos y agentes digitales convivirán de forma permanente.
A este escenario se suma una segunda transformación que condicionará la confianza digital durante los próximos años. Durante el Identity Lab, Tomás Gustavsson, Chief PKI Officer de Keyfactor, advirtió de que “la transición hacia la criptografía postcuántica exigirá revisar buena parte de las infraestructuras sobre las que hoy se apoyan certificados digitales, firmas electrónicas, mecanismos de autenticación y servicios de confianza”.

Aunque los ordenadores cuánticos capaces de comprometer los algoritmos actuales todavía no forman parte de la realidad empresarial, Gustavsson defendió que las organizaciones deben comenzar a prepararse desde ahora. La transición requerirá años de trabajo y obligará a identificar dónde se utiliza criptografía, qué algoritmos están desplegados y qué dependencias existen entre sistemas antes de definir cualquier estrategia de migración.
Esta preocupación coincide con las conclusiones de distintos análisis publicados por Keyfactor (multinacional que adquirió Redtrust en 2019 para introducirse en Europa) sobre preparación postcuántica, en los que la compañía advierte de que uno de los principales obstáculos para las organizaciones es la falta de visibilidad sobre sus activos criptográficos y la dificultad de conocer con precisión dónde se utilizan certificados, claves y algoritmos que deberán evolucionar hacia nuevos estándares resistentes a la computación cuántica.
La falta de visibilidad vuelve a aparecer aquí como uno de los principales riesgos. De hecho, Keyfactor lleva tiempo alertando de que ninguna estrategia de migración postcuántica puede construirse sin un inventario previo de los activos criptográficos existentes, ya que resulta imposible proteger aquello que no se conoce o no se puede localizar.
La convergencia entre ambos fenómenos dibuja una realidad inédita. Por primera vez, las empresas deberán gestionar simultáneamente identidades humanas, identidades asociadas a agentes autónomos y mecanismos criptográficos llamados a evolucionar profundamente durante la próxima década. Los agentes de IA y la computación cuántica obligarán así a replantear cómo se construye la confianza digital.
PoC de cifrado unificado
Durante el encuentro también se mostraron ejemplos de cómo estos principios de control y gobernanza pueden trasladarse a aplicaciones concretas. En el Identity Lab, Jordi Hidalgo, Chief Product Officer de Redtrust, presentó una prueba de concepto de cifrado documental basado en certificados digitales.
La propuesta plantea un modelo de cifrado punto a punto centralizado e independiente de la plataforma documental, en el que una única clave custodiada en servidor protege el documento para todos los destinatarios autorizados, eliminando la distribución de claves y permitiendo revocar el acceso en cualquier momento, incluso una vez que el documento ha abandonado la organización.
“La conversación sobre seguridad está evolucionando hacia una conversación sobre identidad”, explica a su vez el director general de Redtrust. “Las organizaciones necesitarán saber no solo quién accede a un recurso, sino también qué identidades existen, qué acciones pueden ejecutar y cómo mantener control sobre ellas. La confianza digital dependerá cada vez más de esa capacidad de gobierno, trazabilidad y supervisión”.

Desde Redtrust consideran que la próxima gran transformación de la ciberseguridad no estará marcada únicamente por nuevas amenazas, sino por la necesidad de gobernar un ecosistema de identidades digitales cada vez más amplio, dinámico y complejo. La inteligencia artificial y la computación cuántica están acelerando ese cambio y obligarán a las organizaciones a construir nuevos modelos de confianza preparados para una realidad donde las identidades ya no serán exclusivamente humanas.
La custodia de certificados digitales en la “caja fuerte” de Redtrust faculta a la empresa una gestión dedicada y centralizada que garantiza su seguridad, tanto a la hora de autenticarse para realizar trámites online con otras entidades y organismos públicos, así como para firmar digitalmente documentos y comunicaciones. Cientos de compañías de sectores como el financiero, el energético o la construcción confían en la solución de Redtrust aplicando los mecanismos necesarios de control sobre sus usos y ciclo de vida.




