TPB315 sep21. Nos encontramos en un momento en el que, afortunadamente, ya vislumbramos la salida de la crisis sanitaria y los responsables empresariales han empezado a valorar las lecciones aprendidas para ponerlas en práctica de cara a afrontar el escenario laboral post-covid. Una de estas lecciones es la forma en que las organizaciones y sus empleados interactúan y colaboran.

TRADICIONALMENTE, LAS empresas han ahondado en fomentar el trabajo en equipo, la creatividad y la resolución de problemas en común, para retener el talento y mantener la productividad. Pero con la llegada de la covid-19 y, por consecuencia, de la “imposición” del trabajo remoto, esto ya no es suficiente. El trabajo colaborativo ya no requiere que los trabajadores se encuentren en la misma ubicación, pero exige más que nunca disponer de las herramientas apropiadas para permitir esta colaboración remota y ello se traduce en soluciones de videoconferencia y servicios basados en la nube, pero también en contar con los dispositivos portátiles diseñados a medida de las necesidades de los empleados, lo cual pasa por una configuración sencilla y segura.

Sin duda, 2020 ha sido un año atípico en el mercado de los ordenadores. Sobra decir que la pandemia ha exigido, de la noche a la mañana, un proceso de digitalización que nos hubiera llevado varios años conseguir, tanto en el entorno de las empresas como a escala de usuarios finales. No olvidemos que, al margen del entorno empresarial, el educativo, por ejemplo, ha tenido que reconvertirse hacia el mundo online. En definitiva, el ordenador personal se ha convertido en un bien de primera necesidad en 2020. De hecho, según datos de GfK, el año pasado se vendieron en España 2,5 millones de portátiles, lo que significa un crecimiento de casi un 40% con respecto a 2019. En total, esto se tradujo en unos ingresos de 1.232 millones de euros, un 37,1% más.

Para el mercado han sido determinantes factores, como la capacidad de almacenamiento, la potencia de proceso o las actualizaciones del sistema operativo. Asimismo, la conectividad es otra de las consideraciones más importantes que merece, como suele decirse, un capítulo aparte. En concreto, evitar tiempos de inactividad costosos obliga a suministrar a los empleados un dispositivo equipado con el soporte de red WiFi más reciente, capacidades Bluetooth y conexiones periféricas como puertos HDMI y USB-C. Por último, y en el terreno audiovisual, contar con una cámara fiable, un sistema de audio de calidad y un ventilador silencioso nunca ha sido más importante, dada la dependencia de las videollamadas.

Nuevas formas de trabajar, nuevas tecnologías

Pero no son sólo los ordenadores portátiles los que están desempeñando un papel fundamental en el fomento de la colaboración, también otros dispositivos portátiles, como los wearables, han demostrado su potencial con nuevos casos de uso de la mano de la realidad asistida. Por ejemplo, unas gafas inteligentes dotadas con esta tecnología pueden proyectar diagramas, texto, imágenes o vídeos, sin interferir con la visión periférica del usuario.

En términos prácticos, imaginemos una tarea crítica como el mantenimiento de una central eléctrica. Si un técnico local se encuentra con una incidencia, puede consultar a un experto en remoto, que incluso puede encontrarse en otro país, para mostrarle el problema a través de la cámara habilitada en las smartglasses. En el contexto actual, esta tecnología eliminaría la necesidad de que varios equipos estén en el lugar, reduciendo así el nivel de contacto y reduciendo al mínimo los tiempos de inactividad y de corte de suministro del servicio.

Si bien este ejemplo es bastante fácil de imaginar, también hay casos de uso menos obvios que han llevado a la reimaginación de esta colaboración. Por ejemplo, para empleados en una oficina o en un entorno doméstico, las gafas inteligentes son también un vehículo para la comunicación remota interactiva a través de la recuperación de documentos, instrucciones de flujo de trabajo y captura de datos en tiempo real, hasta el punto de prácticamente permitir una comunicación cara a cara.

En definitiva, la pandemia ha brindado una oportunidad única a los responsables empresariales para reevaluar la forma de trabajar y comunicarse de cara a afrontar el escenario laboral híbrido actual y que se mantendrá tras la crisis sanitaria. De hecho, el 43% de los empleados de nuestro país trabajará desde casa o no dispondrá de un lugar fijo de trabajo tras la pandemia, frente al 28% registrado antes de esta, según una encuesta que hemos realizado entre mil empresas grandes y medianas de diversos sectores de actividad de Reino Unido, Francia, Alemania, España y los Países Bajos.

Por tanto, el trabajo a distancia y las herramientas óptimas para garantizar la productividad y la colaboración seguirán siendo un desafío y, por tanto, ocuparán el centro de la estrategia y de la conversación en materia tecnológica de cualquier organización en los próximos años.

Maite Ramos,

directora general de Dynabook Iberia

«No son sólo los ordenadores portátiles los que están desempeñando un papel fundamental en el fomento de la colaboración, también otros dispositivos portátiles, como los wearables, han demostrado su potencial con nuevos casos de uso de la mano de la realidad asistida»