SAS sitúa 2026 como el año del impacto real y responsable de la IA
Aunque haya pasado ya algunas semanas de 2026, no hay duda de que el entusiasmo por la inteligencia artificial convive con la duda. Y es que, junto a innegables avances y éxitos, emergen señales de una posible burbuja, tensiones energéticas y ejemplos de proyectos piloto de Inteligencia Artificial generativa que no alcanzan sus objetivos.
De cara a este año, SAS prevé un ejercicio de rendición de cuentas en el que líderes y responsables clave del ecosistema de IA serán sometidos a un mayor escrutinio para materializar el retorno de la inversión y abordar de forma directa los retos éticos y económicos.
Pese a ciertas preocupaciones, el panorama no es necesariamente pesimista. En este sentido, los expertos de SAS subrayan un mensaje claro para avanzar: es momento de que proveedores y las organizaciones que usan esta tecnología asuman responsabilidades. Adoptar los fundamentos de la gestión de datos y de una IA confiable es la vía para que esta tecnología alcance su madurez y despliegue plenamente su potencial, beneficiando a las personas, fortaleciendo a las organizaciones y acelerando la innovación. Bryan Harris, Executive Vice-President y CTO de SAS, reflexiona en esta línea acerca del futuro de la tecnología durante el próximo año.

Un aspecto clave son los miles de millones que compañías de todos los ámbitos y sectores han invertido en IA. A estas alturas, según SAS, los directores financieros están exigiendo un retorno real de la inversión que la mayoría de los proyectos de IA generativa no pueden ofrecer. Ya no es suficiente con justificar la inversión simplemente con decir que están innovando, porque ahora están pidiendo conocer el coste por consulta, las tasas de precisión y resultados de negocio medibles. Las empresas que no demuestren un ahorro real, aumento de ingresos o mejoras de productividad tangibles en un periodo de seis a doce meses, tendrán difícil justificar la continuidad de sus iniciativas de IA.
La nueva arquitectura operativa se sustenta en agentes, datos sintéticos y tecnología cuántica
En paralelo, y en el año en que SAS celebra medio siglo de innovación, resiliencia y crecimiento, se inaugura una etapa en la que las empresas evolucionan hacia ecosistemas donde los agentes de IA dejan de ser herramientas para convertirse en compañeros de equipo.
En 2026, los agentes de IA (sistemas que actúan, deciden y se adaptan de forma autónoma) pasará de ser una herramienta para las pruebas piloto a ser el corazón de la operación de las organizaciones y de su atención al cliente. Quienes inviertan en infraestructura, gobernanza y capacidades adecuadas desbloquearán decisiones más inteligentes y experiencias fluidas; quienes no lo hagan quedarán rezagados tanto en rendimiento como en la satisfacción de las expectativas de los clientes.
Se espera que las organizaciones operen con equipos mixtos de personas y sistemas inteligentes, en los que los agentes actúen como colaboradores de confianza, ejecutando tareas, compartiendo contexto y aprendiendo de forma continua junto a los profesionales.
Harris también predice que, a finales de 2026, las compañías de la lista Fortune 500 reportarán sistemas basados en agentes que resuelven de manera autónoma más de una cuarta parte de las interacciones con clientes que requieren varios pasos. Según afirma, estos agentes asesorarán y ejecutarán con impacto medible en ingresos, lo que dará lugar a nuevos perfiles como responsables de observabilidad de agentes (Agent SRE) e incluso directivos al frente del liderazgo de agentes (Chief Agent Officer). La contrapartida es que el primer gran incidente de indisponibilidad de agentes acaparará titulares, a medida que las organizaciones comprueben que, cuando los sistemas autónomos generan ingresos, las caídas tienen un coste.
Harris ve clara la disyuntiva para los líderes, que deberán elegir entre jugar para ganar o para no perder. Tendrán dos opciones: utilizar la IA para eliminar puestos o bien emplearla para empoderar a las personas y crear una verdadera ventaja competitiva. Y es que ya nadie puede negar el hecho de que la IA debe potenciar el talento humano, no sustituirlo. Para lograrlo, las compañías necesitarán líderes valientes e inspiradores, capaces de invertir en su plantilla y acompañar el cambio de forma continuada.
Otra área de interés para las empresas son los datos sintéticos, que ya se han utilizado a lo largo del 2025. En este sentido, ya ha quedado claro que el dato sintético no es una solución provisional, sino un arma estratégica contra la escasez de datos, las limitaciones de privacidad y los cuellos de botella de cumplimiento. En 2026, se abrirá una auténtica carrera en la que las empresas competirán tanto por disponer de datos multimodales del mundo real como por su capacidad de crearlos de forma convincente. Los ganadores serán quienes dominen el realismo sintético y conviertan, a escala, lo experimental en capacidades esenciales que impulsen ventajas de negocio.
Asimismo, no podemos olvidarnos del mercado cuántico, que cobrará un notable impulso en 2026, con expectativas de que la tecnología alcance un valor temprano hacia 2030. La mayoría de los inversores ampliarán su foco, pasando del hardware y la criptografía post cuántica a un mayor énfasis en el software y las aplicaciones. Conviene prestar atención al término “arquitectura cuántica”, que abarca el stack completo de un sistema cuántico, incluidas las capas de software y de aplicación que impulsan el valor real en casos de uso. Se prevé un incremento de la contratación de expertos internos para preparar a las organizaciones y avanzar con criterio hacia este futuro.
En conjunto, 2026 se perfila como un punto de inflexión en el que la innovación responsable y la integración operativa marcarán la diferencia. Las compañías que midan su IA por resultados fortalezcan su gobernanza, apuesten por equipos mixtos de personas y agentes, y adopten datos sintéticos y arquitecturas cuánticas con rigor, serán las que conviertan la promesa tecnológica en ventajas competitivas tangibles.



