José María O’Kean (Universidad Pablo de Olavide): «Estamos en una dinámica constante de cambio, es muy difícil que volvamos a estar donde antes» [2/3]
TPB364 feb26. Catedrático de Economía Aplicada, profesor decano de varias materias económicas en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla desde 1997 y en el IE Business School desde 1991, habitual comunicador televisivo y prestigioso gurú de la economía internacional y doméstica,el analista de la actualidad económica José María O’Kean fue el encargado de situarnos el marco geopolítico actual desde una perspectiva empresarial en esta primera jornada del plan de actividades 2026 de @asLAN bajo el epígrafe de “Competitividad y tecnología en un nuevo contexto geopolítico” y celebrada en la sede de la CEOE: «Creo que la secuencia de crecimiento se va a aminorar un poco, pero se va a mantener», pronostica.
Eppur si muove.
El título de la jornada va de competitividad. O sea, competitividad es competir, pero es competir con éxito, esta es la clave. Los directivos y las empresas, los empresarios, viven permanentemente en una especie de círculo de viabilidad. Si están dentro del círculo de viabilidad, están compitiendo con éxito, son competitivos. Pueden tener recursos, pueden tener márgenes, tienen beneficios, pueden invertir en capital humano, en nuevos proyectos, en estrategias nuevas.
Pero el círculo no es simplemente el tener éxito, sino que está condicionado. Y está condicionado por mis competidores, está condicionado por mis consumidores, está condicionado por el Estado y toda la regulación económica que se establece. Está condicionado por la tecnología, que a veces es un riesgo y a veces una oportunidad. Está condicionado también por la geopolítica, por el entorno general de los negocios en el que nos movemos. Entonces la cuestión es que ese círculo se va moviendo.
Y yo como empresario, como directivo, tengo que estar siempre dentro del círculo. Porque como me quede fuera, mi empresa empieza a tener problemas. Y lo que estamos viendo ahora es que el círculo se nos está moviendo de una manera demasiado rápida. Y además en direcciones que nos cuesta mucho trabajo pronosticar hacia dónde va. Tenemos que estar muy atentos siempre a una serie de señales para mantenernos dentro.
Hay quien piensa que el círculo va a volver donde estaba antes, y todo a ser como siempre, pero las cosas no vuelven. Estamos en una dinámica constante de cambio y es muy difícil que vayamos hacia atrás.
Asusta el proceloso mundo posmoderno.
Lo que me toca a mí hacer entonces hoy es ver la parte esa de la geopolítica general. Después de haber pasado la crisis de 2009, que acabó prácticamente con el sector de la construcción, y hoy uno de los problemas que tiene España de la vivienda viene de ahí, de que dejamos de construir; después entramos en una crisis que fue la de la pandemia, que tiene un carácter absolutamente distinto, pero trajo el teletrabajo; y después entramos en la guerra de Ucrania que nos dejó el rescoldo este de la inflación, que nos ha originado una política monetaria restrictiva y unos tipos de intereses altos…. La pregunta que nos hacemos en la actualidad es: ¿y ahora qué más?
«Nos hemos aplicado lo que llamamos un ajuste de sacrificio suave, no duro. Ha durado más tiempo, pero prácticamente cuando parece que estaba todo más o menos controlado, aparece Donald Trump. Y es como que todo puede explotar» (José María O’Kean, Universidad Pablo de Olavide)
Nos hemos aplicado lo que llamamos un ajuste de sacrificio suave, no duro. Ha durado más tiempo, pero prácticamente cuando parece que estaba todo más o menos controlado, aparece Donald Trump. Y es como un brujo demente metiendo precipitadamente dentro de la cazuela todo lo inimaginable, entonces la impresión es que aquello puede explotar. Parece que está loco, pero no está loco, las cosas que va haciendo tienen una lógica aplastante.
Una visión vertical, no panorámica, que da vértigo.
Entonces voy a intentar plantear la lógica de lo que está haciendo en tres escenarios: el bloque MAGA -el Make America Great Again-, la parte de la economía real y la parte de la economía financiera. Su visión es que tiene que controlar todo el hemisferio americano de costa a costa y de arriba a abajo. Y en ese control no va a dejar que los chinos campen a sus anchas por el Canal de Panamá que une los dos océanos, ni quiere quedarse sin una de las dos rutas árticas, los rusos tienen la suya por el noreste y él quiere asegurarse la del noroeste a través de Groenlandia y Canadá hasta Alaska.
Con Groenlandia tiene además otro problema porque Estados Unidos tiene una debilidad enorme. O tres debilidades, podríamos decir. Una general, que es el gran comprador del mundo, nos compra a todos de todo. Y esto es algo que Donald Trump quiere que se acabe. Por otro lado tiene debilidad en unos materiales que ahora mismo son absolutamente fundamentales en la economía, que son las tierras raras. Y esa debilidad la tiene con China. Y tiene además con China una debilidad adicional, que poseen 800.000 millones de bonos norteamericanos en dólares.
El tramposo de Tucídides.
Estas debilidades las quiere Trump ir superando y tener otra vez una preponderancia importante. En su hemisferio, el tema de Cuba va a caer por sí solo una vez cortado el grifo del petróleo y siga controlando Venezuela. Pero en esa idea de control, en el tema de las tierras raras, las tiene que coger de Groenlandia, que encima está al lado. Y no puede ser a través de un acuerdo con Dinamarca, para que después les salga un grupo verde en el Parlamento Europeo, diciendo que eso afecta al cambio climático y que allí no se puede explotar, por eso quiere una claridad de derechos de propiedad evidente. Entonces, toda esta parte MAGA, en la parte de la geopolítica que está ejerciendo, tiene su lógica. Quiere romper las dependencias con China.
Después, además, tiene un problema de liderazgo, y esta es la trampa de Tucídides. El historiador heleno estudió las causas de la guerra de Atenas con Esparta, cuando Esparta era la potencia dominante y Atenas la emergente. Y llegó a la conclusión de que cuando tú eres la potencia dominante y ves que alguien te come, solo te queda una solución: la guerra. Hoy, con EEUU y China, vamos a un entorno que a lo mejor no es una guerra clásica, pero sí va a ser una guerra financiera, cibernética, tecnológica, de minerales, de control de la producción eléctrica… Pero en eso China también ha cambiado su estrategia muy recientemente, mientras Europa se va difuminando.
«Trump no quiere dejar de gastar, no quiere subir los impuestos, y no quiere parar la economía. Así que agarra una herramienta que hasta ahora no se nos había ocurrido que serviría para los déficits gemelos: los aranceles» (José María O’Kean, Universidad Pablo de Olavide)
Gemelos para lelos.
La economía norteamericana tiene lo que se llaman los déficits gemelos, cuando tiene uno exterior tiene uno fiscal, y esto lo quiere trastocar Trump. Tengo un déficit exterior porque compro mucho más de lo que vendo, y tengo al mismo tiempo un déficit fiscal porque tengo un desequilibrio del 7% del PIB porque me gasto mucho dinero en armamento para darle seguridad a medio mundo. Y eso lo tengo que cortar, y después además quiero recaudar más. Entonces, en los modelos de déficits gemelos tradicionales, lo que se solía hacer era parar la economía, el Estado dejaba de gastar y se subían los impuestos. Trump no quiere dejar de gastar, no quiere subir los impuestos, y no quiere parar la economía. Así que agarra una herramienta que hasta ahora no se nos había ocurrido que serviría para los déficits gemelos: los aranceles.
El problema es que cuando está empezando a poner aranceles, ahora hablamos de la parte económica, se ha dado cuenta de que es una herramienta también que afecta a la parte MAGA, pues sirve de amenaza para establecer su liderazgo, y que los países hagan lo que él quiere que hagan. Y está utilizando los aranceles en ese ámbito. ¿Cuáles son las implicaciones? Los aranceles son un impuesto que se les pone a los americanos por las cosas que compran fuera. El objetivo es que dejen de comprarlas y que las produzcan dentro. Pero si lo que están comprando son cosas más caras –y no están dejando de comprarlas– la inflación no se baja. Y esto es un poco lo que se están empezando a ver.
Por otro lado, recauda más, y con esa recaudación se va a reducir el déficit; lo está reduciendo de una manera leve, pero con una inflación que se está yendo un poco más arriba. Y tiene por otro lado un déficit fiscal que no se reduce mucho, aunque el déficit exterior sí se le está reduciendo ya. Y ahora coge y dice, bueno, pero es que además en mi presupuesto, en el déficit fiscal, tengo otra cuenta que me tiene aterrorizado, que son los intereses que pago por la deuda. Son 22 billones de dólares al año, el 104% de su PIB. Y lo tiene que pagar a tipos de intereses altos.
Entonces, ¿qué quiere? Que su Banco Central baje los tipos de interés para que de esta forma la carga financiera del déficit se reduzca. Pero el presidente de la Reserva Federal dice que no, que tiene una inflación alta y que su objetivo es reducirla antes que arreglar otros problemas. Y entonces lo que dice es que lo va a echar para poner a otro que le sea más afín, para que baje los tipos de interés. Por otro lado, además, quiere bajar los tipos de interés para llevar la economía en crecimiento a las elecciones de noviembre de medio mandato; elecciones que, por otro lado, está amenazando con que a lo mejor no las convoca. Así que estamos viendo una serie de herramientas y maniobras que rompen todo el escenario en que hasta ahora nos hemos ido moviendo.
Sinsecuencias financieras.
La parte financiera es que, si yo voy bajando los tipos de interés, los activos norteamericanos son menos interesantes que los de otros países. Entonces la gente empieza a sacar capitales de Estados Unidos y los lleva a esos países. Y eso debilita el dólar. Desde el punto de vista de la balanza por cuenta corriente es bueno, y él dice, estupendo, pues quiero un dólar débil porque de esa manera voy a vender muchos más productos míos fuera y no voy a comprar tanto, y equilibro el déficit exterior.

Pero, por otro lado, el mercado financiero dice, si yo tengo una expectativa de un dólar débil, ¿quién va a comprar activos norteamericanos nominados en dólares para que cuando los venda, recupere menos? Y esto es lo que se espera del bono americano, que siempre valga más a futuro. Entonces podemos estar ante una situación en que se empiece a soltar bonos de manera masiva lo que debilitaría aún más el dólar. Ahí podemos tener un nuevo problema. Yo, si debo dinero, tengo que devolverlo; pero los Estados no. Si te preguntas quién va a pagar la deuda española, yo ya te digo que nadie. Eso no se paga: la deuda se refinancia. El problema es que los mercados financieros tienen que tener la suficiente confianza para refinanciártela, y cuanta menos confianza más prima de riesgo.
Ahora pensad que cada vez somos más ricos, cada vez tenemos más ahorros. Y si tenemos más ahorros, queremos comprar activos para obtener una rentabilidad. Es decir, el mercado necesita más activos financieros. Y el hecho de que el Estado se endeude, si lo hace con solvencia, a los mercados financieros no le va mal. A nivel particular, si yo tengo que pagar mi deuda, me quedo sin comer no sé cuánto tiempo y tal, pero los Estados no funcionan así. Entonces Estados Unidos hasta ahora ha tenido la gran ventaja de que ha podido tener déficits fiscales permanentes, endeudamiento permanente, porque todo el mundo le compraba su bono. Pero ahora empieza a haber un peligro, un peligro incierto.
Ese peligro puede ser total. Es decir, puede arrojar a los mercados financieros a una situación insospechada de gente soltando bonos norteamericanos. ¿Va a ocurrir? Lo normal es que un Banco Central, la Reserva Federal norteamericana, que viese esa debilidad se ponga a fabricar dinero y a recomprar los bonos del tesoro. Fabricar dinero siempre va a originar un poco de inflación, pero estabilizaría los mercados.
«Yo, si debo dinero, tengo que devolverlo; pero los Estados no. Si te preguntas quién va a pagar la deuda española, yo ya te digo que nadie. Eso no se paga: la deuda se refinancia. El problema es que los mercados financieros tienen que tener la suficiente confianza para refinanciártela» (José María O’Kean, Universidad Pablo de Olavide)
Por otro lado, sabemos también que tenemos a las grandes compañías tecnológicas con unos niveles de capitalización para muchos excesivamente altos, con unas inversiones que están haciendo brutales y todavía las tasas de retorno no se perciben. Entonces, como veis, el mercado financiero tiene sus sombras. ¿Va a ocurrir algo? No se sabe, pero cada vez que hay un anuncio de que en la bolsa de Wall Street ha caído no sé qué valor no sé cuánto, uno tose y piensa que todo se quede ahí. Vamos a vivir con esos sobresaltos, y no podemos pensar que porque la bolsa española esté en racha ascendente, no nos va a afectar también a nosotros.
El caldo, espeso; y el chocolate, tieso.
Viendo un poco todo esto, podemos sentir hartazgo. Es la parte espesa de la cazuela que está preparando Donald Trump. Parece la cazuela de un loco, ¿no? Él quiere, con los aranceles, acabar con los déficits gemelos. Él quiere, estableciendo el control sobre Groenlandia, la independencia de China de las tierras raras. Quiere, al mismo tiempo, dejar de ser el gran comprador porque eso, en el fondo, le genera su déficit. Y quiere que las empresas se vayan a instalar allí, pero no lo están haciendo, por lo que el desempleo le está subiendo un poco y además las empresas tecnológicas, mejorando la competitividad, están despidiendo.
Claro, ante eso estamos nosotros los europeos: no querías caldo, pues toma dos tazas. El viejo continente se ha ido al garete. Alemania, que es la principal potencia de la Unión Europea y de la Unión Económica y Monetaria, era un gran país vendedor que vivía exportando a Estados Unidos. Eso se acabó. Con una industria de coches impresionante, han llegado los chinos y se la están pulverizando. Con una política de estabilización fiscal que hacía que nunca tuviera déficit y siempre fuera un país con superávit, ahora tiene que hacer una política fiscal expansiva. Y cuando tenía un problema, venían los norteamericanos y se lo solucionaban. Y cuando quería energía, se lo daban los rusos con el gas a 5 euros por megavatio. Pero se acabó ese modelo.
Y mientras se busca qué se tiene que cambiar, aparece de pronto China, que sí lo ha visto pronto, cambiando su modelo. Ha empezado a hacer inversiones en todos los países, inversiones estratégicas. En energía fotovoltaica, en minerales, en coches eléctricos, en tecnología, en redes de comunicación, en seguridad. Y poco a poco van entrando. Y entonces Europa reacciona justo ayer diciendo que la inversión china no puede ser más del 49% de las empresas europeas. Hasta ahí podemos llegar. Hemos cambiado el modelo también.
«Por otro lado, tenemos a las grandes compañías tecnológicas con unos niveles de capitalización para muchos excesivamente altos, con unas inversiones que están haciendo brutales y todavía las tasas de retorno no se perciben. Vamos a vivir con esos sobresaltos» (José María O’Kean, Universidad Pablo de Olavide)
Entonces ese liderazgo hegemónico que se está produciendo entre los dos países en competencia, EEUU y China, de momento no ha llegado a guerra bélica. La guerra financiera la siguen controlando los norteamericanos. La tecnología la siguen controlando los norteamericanos. El poder militar lo tienen los americanos. Pero el liderazgo geopolítico, yo creo que lo están un poco perdiendo porque se están enfrentando a todos sus aliados tradicionales.
¿Paella mixta o arroz con cosas?
España no tiene presupuesto y por tanto va bien. Cuando no tenemos presupuesto nos dejan vivir. No nos suben los impuestos, no hay tanta revolución legisladora y entonces más o menos sabemos cuál es el escenario. Y no nos cambian de sitio el círculo de viabilidad. Y esto es lo que está haciendo que seamos una economía con un crecimiento enorme.
Y este crecimiento está dejando muchos impuestos a través de ivas, impuestos financieros, impuestos directos e indirectos. Y el gobierno, como no tiene por qué gastarse eso en una partida presupuestaria consignada, lo asigna a lo que quiere. O sea, quizás demasiado a gasto social y poco a infraestructuras. Porque España está estallando en sus costuras. Es decir, nos han entrado 9 millones de inmigrantes, nos entran 90 millones de turistas todos los años. Y seguimos con la misma infraestructura de trenes, de aeropuertos, de carreteras, de viviendas que teníamos antes. Cierto que desde el 92 en adelante hemos construido muchos kilómetros y puesto mucho ladrillo, ahí está la inversión. Pero eso lleva muchos años parado. Tenemos que hacer una inversión brutal y poner un poco más de racionalidad en lo que hacemos. A lo mejor no podemos tener tantos trenes por la misma vía.

Tenemos que pensar las cosas de otra manera, pero no lo vamos a hacer. No llegamos a acuerdos nunca. Estamos siempre en situaciones en que si tú dices blanco, yo digo negro. Esto siempre ha sido tradicional de los españoles, pensemos que es de ahora. Pero no han sido pocos los momentos en la historia que hemos sido más sensatos y salido adelante, aunque siempre ha ocurrido cuando estamos al borde del precipicio.
Yo creo que la secuencia que tenemos de crecimiento se va a aminorar un poco, pero se va a mantener. La construcción que está empezando a tirar, hay quien dice que puedo arreglarlo. El tema de la vivienda es un tema de oferta, en general es tener más casas. No es un problema de regular y limitar, porque por ahí no vamos a ningún sitio. Pero tampoco estamos con un plan de vivienda que sea coherente y que pongamos recursos. Y en paralelo habría que facilitar la rehabilitación, el alquiler seguro, la descongestión de zonas tensionadas.
En cuanto al tema de la tecnología, ahí tenemos que dar un impulso importante. Y las empresas las primeras. ¿Y por qué lo tienen que hacer las empresas? Porque en la parte esa del círculo de viabilidad, otra cosa que ha cambiado son nuestros consumidores. Los consumidores ya no son los de antes, cuando vivíamos en una sociedad más o menos estructurada. Después vino el mundo postmoderno, en el que empezamos a ser más escépticos, más críticos. Y ahora tenemos un mundo en el que hemos construido una nueva referencia. Y la nueva referencia soy yo. Somos hiperindividualistas. Y ese hiperindividualismo no hubiera podido tener tanto triunfo si no nos hubiéramos metido en el E3. ¿Qué demonios es eso del E3? El E1 es la naturaleza, el campo, la playa. El E2, la ciudad. Y el E3, el espacio digital. Entonces cada vez que pasamos más tiempo en ese espacio digital, un espacio que nos permite ser nosotros mismos tal y como queremos, como los protagonistas de nuestra película. Ponemos nuestras fotos en Instagram aunque nadie las vea. Escribimos en un blog que nadie lee. Nos pegamos un bailecito en TikTok que la gente dice que es ridículo lo que estás haciendo. Pero lo hacemos. Tomamos las decisiones en Internet, en el espacio digital, de una manera sistemática. Y ese mundo en el que nos movemos es otra de las cosas que ha cambiado y se está moviendo.
«Ya no nos gusta tener cosas, queremos sentir cosas. Ahora el reto de la productividad es generar más valor, generar más sensaciones. Porque eso es por lo que la gente paga. Y ese es un reto donde la tecnología es absolutamente necesaria» (José María O’Kean, Universidad Pablo de Olavide)
Ya no nos gusta tener cosas, queremos sentir cosas. Entonces cuando hablamos de competitividad, de competir con éxito, lo que tenemos que tener en cuenta es que la competitividad tiene varios factores. Tiene un factor de tipos de cambio, tiene un factor de precios y de costes. Pero el factor clave es la productividad. Y la productividad es valor por hora de trabajo. Hasta ahora lo que hemos pretendido siempre es mejorar la productividad haciéndolo en menos horas; muchas veces despidiendo gente y haciendo lo mismo. Pero ahora el reto de la productividad es generar más valor. Generar más sensaciones. Porque eso es por lo que la gente paga. Y ese es un reto donde la tecnología es absolutamente necesaria. Y hay que ponerla a trabajar.
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