La redundancia ya no es una opción: qué ocurre cuando un fallo en la nube paraliza el mundo
El pasado mes de octubre, la caída de Amazon Web Services, y a las pocas semanas la de Snowflake, volvió a poner sobre la mesa una realidad incómoda, pero muy importante para la sociedad: incluso los gigantes tecnológicos pueden fallar. En apenas unos minutos, miles de compañías sufrieron la interrupción de sus servicios, desde tiendas en línea hasta plataformas industriales y financieras. La enseñanza es evidente: en un entorno hiperconectado, depender de un solo proveedor o de una única ruta de acceso a la red puede acarrear un coste incalculable.
ACTUALMENTE, LA continuidad de las operaciones es tan dependiente de la conectividad como de la energía eléctrica. Aun así, muchas entidades y empresas siguen utilizando infraestructuras de red que no están diseñadas para soportar incidentes de gran magnitud. Un fallo o error en la nube, una caída de la red o incluso un simple corte en un nodo pueden provocar pérdidas millonarias, dañar la imagen de una marca y perjudicar la experiencia de los usuarios y clientes.
Por ello, el concepto de resiliencia digital adquiere ahora más importancia que nunca. No basta con contar con un proveedor seguro y confiable, sino que es imprescindible asegurar una verdadera redundancia: disponer de múltiples rutas, tecnologías y redes capaces de mantener el funcionamiento incluso cuando una parte del sistema presenta fallos.
Ante este escenario, Wireless Logic, proveedor de soluciones de Internet de las Cosas, promueve soluciones concebidas específicamente para evitar que un fallo aislado derive en una afectación generalizada y masiva. Mediante sus distintas propuestas de red, la empresa proporciona conectividad celular gestionada con túneles de alta disponibilidad, redundancia entre centros de datos y la opción de integrar diversas tecnologías de acceso –como redes móviles 4G/5G y satélites LEO (Starlink)– para garantizar continuidad incluso en situaciones críticas.
Gracias a esta arquitectura en múltiples capas, si una red o un proveedor experimenta una caída, las comunicaciones pueden mantenerse activas a través de rutas alternativas. De este modo, un despliegue IoT, una fábrica o una infraestructura energética pueden seguir funcionando sin interrupciones, preservando tanto la productividad como los ingresos.
La redundancia no debe percibirse como un gasto extra, sino como una apuesta estratégica, una inversión para la empresa y el negocio. Cada hora de parada puede generar un fuerte impacto operativo y financiero para cualquier organización. En comparación, asegurar una conectividad resiliente mediante soluciones híbridas y una gestión inteligente del tráfico resulta mucho más rentable y fácil de prever.
Daño reputacional y lucro cesante
Asimismo, el daño a la reputación que provoca una interrupción del servicio puede resultar aún más serio que las pérdidas económicas. En ámbitos como la energía, el transporte o las finanzas, la confianza del usuario se sustenta en la disponibilidad permanente. Por ello, cada vez más organizaciones están incorporando la resiliencia digital en sus infraestructuras, con soluciones de conectividad híbridas (celular y satelital) donde la redundancia deja de ser una alternativa secundaria para convertirse en la base de la continuidad operativa.
Las caídas de AWS y Snowflake no han sido un hecho aislado, sino una advertencia. En el entorno digital actual, la conectividad crítica no puede apoyarse en una sola red ni en un único proveedor. Aquellas compañías que comprendan esta realidad serán las que puedan asegurar la disponibilidad, la seguridad y su capacidad competitiva en los próximos años.
Por Alayn Endaya, Marketing Manager de Wireless Logic
«No basta con contar con un proveedor confiable, sino que es imprescindible asegurar una verdadera redundancia: disponer de múltiples rutas, tecnologías y redes capaces de mantener el funcionamiento incluso cuando una parte del sistema presenta fallos» (Alayn Endaya, Wireless Logic)



