La IA aplicada a los sistemas informáticos y su impacto sobre nuestras vidas

Se acerca un mundo en el que las decisiones de negocio van a estar dictadas al hilo de los parámetros que se han tenido en cuenta para su toma de decisión y su combinación con las proyecciones de futuro. ¿Significa esto que serán las máquinas las que tomen las decisiones finales? ¿Cómo van a poder diferenciarse una empresa de otra?

ÚLTIMAMENTE SE habla tanto sobre la Inteligencia Artificial (IA) que va camino de convertirse en ese autobús que vemos llegar a nuestra parada con prisas y corremos para subirnos en él, sin saber muy bien si realmente era nuestro autobús. Simplemente, lo cogemos por el hecho de no querer perderlo al haber visto gente dentro ya.

José Luis Briones, Chief Operating Officer de Grupo Most IT Solutions en España, nos habla sobre inteligencia artificial. Y nos dice que con la IA pasa exactamente lo mismo que con los sistemas de Inteligencia de Negocios (BI), tiene mucho potencial, pero primero necesitamos saber hacia dónde queremos ir y cómo lo queremos aplicar, porque –como se ha dicho muchas veces– la potencia sin control no sirve absolutamente para nada.

¿Puede definirnos exactamente qué se entiende por Inteligencia Artificial?

Para empezar, definamos qué es la IA aplicada a un sistema informático, definiendo primero lo que no es. La inteligencia artificial no son meros procesos automáticos de toma de decisiones en función de unos parámetros de entrada, no, la inteligencia artificial trata de emular la toma de decisiones de la psique humana, y para hacer eso, tiene que tener cierta capacidad de adaptación al medio, es decir, aprender y cambiar en tiempo real en función de los cambios en las variables de partida.

Pongamos un ejemplo para entenderlo mejor: imaginemos un sistema predictivo que nos avisa de los cambios en la demanda hotelera en el sector turístico. En este sector, quien es capaz de comprar baratos los paquetes de habitaciones de hoteles y predecir la demanda antes que el resto de la competencia obtiene más margen. Nuestro sistema nos avisa, antes que al resto, que este año parece que se recupera el turismo en Turquía, y comienza a comprar por sí mismo plazas hoteleras que saca a la venta a un ritmo determinado.

¿Y admite “improvisaciones”?

A ver, ¿qué pasaría si, de repente, el sistema detecta un cambio brusco en la demanda, ya sea de fuerte subida o de caída? Debería de ser capaz de reaccionar de inmediato, tanto para frenar la compra de paquetes como para deshacerse de ellos, y de reprogramarse automáticamente en caso de que los resultados no hayan sido los esperados. Eso es un sistema de IA.

Como ya habréis podido detectar, para desarrollar un sistema de IA a nivel empresarial lo primero que necesitamos es saber cuál es nuestro objetivo, cuál es nuestro universo de datos, cuáles son las decisiones que el sistema debe adoptar y cuáles no, cuáles son los resultados que queremos obtener y, sobre todo, qué condiciones debe tener el sistema para cambiar su comportamiento.

Sin todos estos datos de partida lo que haremos es, como siempre, tirar el dinero sin llegar a nada.

Pero, ¿por qué adoptar un sistema de IA cuando una persona puede realizar las mismas funciones viendo un tablero de control?

Buena pregunta. O lo que es lo mismo: ¿qué diferencia a la IA de un buen tablero de BI? La respuesta es muy sencilla, pongamos al mejor jugador de ajedrez a jugar contra un sistema de IA que parta de cero. Ya ha pasado, es historia.

La IA tiene una capacidad de aprendizaje infinitamente más rápida que la de cualquier ser humano incluso partiendo de cero, por lo que, en aquellos sistemas donde reaccionar antes de tiempo pueda suponer una ventaja –por ejemplo, la bolsa–, estos sistemas se convierten en críticos. Reaccionar tarde puede suponer perder o ganar mucho dinero.

A tenor de esto último, ¿qué inconvenientes presenta?

Lamentablemente, desarrollar la IA cuesta mucho dinero, y cuesta mucho dinero mantenerla, porque ningún sistema de IA desarrollado hoy servirá para nada en unos meses si no se modifica. Que nadie piense tampoco que no se equivocan, de igual modo que nos pueden hacer ganar mucho dinero, puede pasar perfectamente lo contrario, porque no son infalibles, ni las reglas de juego tampoco son fijas.

Hay que tener mucho cuidado con el universo de datos que le aportamos, porque puede partir de premisas erróneas. Al igual que un niño que va creciendo y va cambiando en función de su desarrollo y el medio en el que se desenvuelve, los sistemas de IA deben sufrir una continua evolución para seguir siendo válidos.

Entonces ¿hablamos de que su impacto sobre nuestras vidas es previsible en breve, o tardaremos en verlo?

En definitiva, la IA no es una moda pasajera como la de los televisores 3D, que han desaparecido del mercado en menos de un año desde que salieron a la venta. Cada vez más, las empresas tienen mayor cantidad de datos que procesar, cada vez nosotros generamos más datos para las empresas, y todos esos datos son un tremendo potencial de estudio, y ya no solo en el campo de la oferta y la demanda –que es realmente donde más la vamos a sentir aplicada–, sino en otros campos como la medicina, la justicia, los estudios, la psicología… Muchos ámbitos donde solo se necesita a alguien que tenga la idea para que otros se la desarrollemos.

No sé si veremos en un futuro cercano médicos digitales capaces de reaccionar ante nuestros síntomas sin atisbo de equivocación, psicólogos online que nos ayuden sin pasar por una consulta, y por qué no, tarde o temprano, un árbitro digital en los partidos de fútbol. ¿Uno que sea capaz de impartir justicia sin que ningún ser humano tenga que revisar el VAR y determinar la intencionalidad del jugador en base a sus antecedentes? No, no lo creo, y si algún día llega, tampoco será perfecto.

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Por Alter Fines

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